La última carta la escribo para ti, tú a quien nunca he conocido. Y aun así, cada vez que escribí estas cartas, eras tú quien estaba sentado a mi lado. Al escuchar esta canción, seguramente pensarás en mí.
Ahora saco las cartas del cajón: las palabras que nunca conseguí enviar. Las apilo junto a la ventana, y el viento las empuja una por una. Quedan atrapadas en la alambrada al fondo del patio y allí ondean.
Madre, primer amor, amigo, abuela, desconocidos: todos los nombres que no pude retener. Leo esos nombres en voz alta, uno por uno. Nadie responde. Había comprado sellos, pero el pegamento se secó en el cajón.
Pongo la última hoja en un sobre vacío. Encima escribo: para ti, y dejo en blanco la línea de la dirección. Coloco el sobre de pie en el marco de la ventana y vuelvo a tomar otra página.
