Oye, ¿por qué desapareciste tan de repente aquella vez, cuando escondí tu zapato como broma? Te enfadaste de verdad y te diste la vuelta. Todavía tengo tu zapato derecho. Te fuiste a casa descalzo, y aquel día llovía.
Siempre subíamos juntos al monte, recogíamos bellotas y las asábamos, metíamos los pies en el agua del arroyo y apostábamos quién resistía más. Cuando ganabas, yo te golpeaba el hombro, y tú reías y saltabas más lejos.
Desde que te fuiste, voy solo al monte. Ya no recojo bellotas. La semana pasada cerraron la vía férrea de nuestro barrio. En la casa donde vivías ahora vive otra gente. Todavía recuerdo tu voz al teléfono diciendo buenas noches.
Envié esta carta a la dirección donde vivías. Una semana después volvió, marcada como destinatario desconocido. Guardo la carta dentro del zapato, porque parece que tu huella todavía estuviera allí.

