El zelkova frente al patio está enfermo. Las hojas amarillean como quemadas, y una rama rota quedó enganchada en el cable eléctrico. Cada mañana mi padre acariciaba el árbol y decía: éste también envejece.
De niño me colgaba de ese árbol. Me subía al columpio que mi padre empujaba. Una vez subí demasiado alto y me golpeé la cabeza con una rama. Mi padre me sostuvo y me besó la frente.
Después de la muerte de mi padre, el árbol empezó a secarse de pronto. Como si recordara el tacto de su mano. Intenté darle abono y agua, pero el árbol inclinó la cabeza y no dijo nada.
Esta mañana le escribo una carta al árbol. Me detengo después de una línea y la ato a una rama. Cuando sopla el viento, el papel se suelta y cae boca abajo sobre la tierra junto a las raíces. Enciendo una cerilla y quemo una esquina de la carta.

